29 marzo 2012

¿ Es posible una política fiscal progresista?

Hoy me ha tocado intervenir en el Pleno del Congreso para debatir sobre el proyecto de ley de estabilidad presupuestaria que quiere aprobar el PP.

Aquí tenéis mi intervención. En esencia, en materia de política fiscal, tres deberían ser los objetivos: el crecimiento económico y el empleo, la reducción del déficit de acuerdo con el crecimiento, y que el gasto público se adecué a los ingresos. Para el PP, los objetivos son estos pero en orden inverso: reducir el gasto público, reducir el déficit y en último término el crecimiento económico.

La segunda conclusión, con el proyecto de ley del PP los recortes no van a ser coyunturales, serán permanentes.

Bueno aquí tenéis lo que he dicho:

"¿ Por qué no vamos a votar a favor de la Ley Orgánica de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera del PP?.


Cuatro razones: retrasa la recuperación económica, tiene un marcado componente ideológico neo liberal, rompe el pacto político firmado por el PSOE y el PP, y es más restrictivo, que el Pacto Fiscal que acaba de firmar el Gobierno de España en Europa.

Este país tiene tres grandes objetivos económicos, relacionados con la política fiscal, a resolver, a nuestro juicio por este orden: el crecimiento económico y la creación de empleo; una reducción del déficit público de acuerdo con el crecimiento; y una adecuación del gasto público a los ingresos.

Para el PP, si nos atenemos a esta ley, el orden es distinto: primero es reducir el gasto público a toda costa, en segundo lugar el déficit público, y en tercer lugar, el crecimiento económico.

Por ejemplo, si fuera necesario un incremento urgente del gasto público para incrementar el crecimiento económico, esto estaría fuera de la ley.


1º. Retrasa la recuperación económica. La hace más difícil.

Las tres reglas fiscales que marcan la senda hasta 2020, a cual de ellas más dura, que pone de manifiesto que para el PP el crecimiento económico no es el problema más importante del país.



2º. Es una ley con un importante componente ideológico. No busca como objetivo fundamental y prioritario reducir el nivel de déficit público, sino reducir el nivel de los servicios públicos.

¿Qué quiero decir?, la primera regla fiscal del proyecto de ley, como transito hasta el año 2020, determina que el gasto público debe crecer por debajo del PIB real de la economía española.

Pero lo importante, señorías, es el saldo fiscal, no una parte de dicho saldo fiscal.

Dicho de otra manera, se puede reducir el déficit y mantener un buen nivel de gasto público y de servicios públicos.

Si hay más ingresos, y de además de manera estructural, puede haber más gastos.





Por tanto, ¿para qué esta regla fiscal si hay una regla de reducción del déficit, y hay otra de reducción de la deuda?.

La consecuencia más importante es que los recortes no solamente van a ser importantes, sino que además van a ser permanentes. No van a ser transitorios.

3º. No cumple el Pacto Político firmado por el PSOE y el PP para desarrollar el artículo 135 de la Constitución Española. Es más restrictivo.

En el proyecto de ley el PP plantea que, el equilibrio presupuestario, se consigue con un 0% de déficit estructural en 2020. El Pacto político hablaba del 0,4%, que podría incrementarse ante catástrofes naturales, recesión económica, etc.

Y también es más restrictivo que el Pacto Fiscal que se acaba de firmar en Europa, el cual habla de que el déficit estructural podría llegar al 0,5%, o al 1% si la deuda está por debajo del 60% del PIB.

El Consejo de Estado subraya la diferencia existente entre lo que dice el Proyecto del PP y el Pacto Fiscal europeo. En concreto en la página 33 del dictamen que realiza sobre el mencionado proyecto de ley.



Una consideración de carácter general:

Para ser más papista que el papa, para quedar bien ante la galería, muy típico del PP, se plantean unos objetivos, unas reglas fiscales muy duras, contradictorias, etc.

Eso me preocupa enormemente: porque si se cumple la norma malo, y si no que cumple también malo desde el punto de vista de la reputación de España.

No hemos presentado una enmienda a la totalidad, fundamentalmente, por responsabilidad:

1º Creemos que tiene que haber una ley de estabilidad a lo largo del ciclo. Tiene que haber equilibrio a lo largo del ciclo. Los servicios públicos no se pueden financiar con deuda sin límite.

2º Queremos utilizar el tiempo de tramitación en la Comisión de Hacienda poder seguir negociando y con ello cambiar la ley, y que responda a lo pactado entre el PSOE y el PP."



3 comentarios:

D. Óscar dijo...

Parte II. Siempre he sido partidario de saber recordar la historia, para aprovechar sus enseñanzas y no volver a repetir los mismos errores. En EEUU el Presidente Roosevelt (que todavía hoy es el Presidente más popular que EEUU haya tenido) salió de la Gran Depresión a base de aumentar los impuestos de los ricos y súper ricos, gravándolos hasta el 91% de su renta (sí, ha leído bien, el 91% de su renta). Con estos fondos creó empleo (11 millones de puestos de trabajo) mejorando la muy deteriorada infraestructura física y social del país. El desempleo bajó de un 23% en 1993 a un 9% en 1937. Estableció la Seguridad Social y ayudó a que se expandieran los sindicatos a fin de estimular el crecimiento de los salarios. La polarización de las rentas disminuyó espectacularmente, aumentando las rentas del trabajo. Todo ello impulsó un enorme crecimiento de la demanda y de la actividad económica, con gran crecimiento de puestos de trabajo. Tal gravamen hoy en día, consecuencia de la globalización, es impensable, pero lo importante es quedarnos con la idea global, ser capaces de ver la senda entre la maleza.
Por otra parte, el gobierno federal frenó la especulación de la banca, separando los bancos comerciales de los bancos de inversión, protegiendo los depósitos en los primeros. Se establecieron también bancas públicas que garantizaron el crédito. Y al Banco Central Estadounidense se le asignó el objetivo de, además de contener la inflación, estimular la economía para conseguir el pleno empleo. Casi un siglo después, todavía estamos esperando en Europa que el BCE dé ese paso. Estas medidas, junto con los preparativos para la II Guerra Mundial y consiguiente incremento de la inversión pública, eliminó la Gran Depresión. Un indicador de que esta activa intervención del estado federal fue la responsable de la recuperación económica es que, cuando en el año 1937 el Presidente Roosevelt, aconsejado erróneamente por algunos de sus asesores económicos, (que creyeron que la Depresión se había ya resuelto) disminuyó el gasto público, el desempleo inmediatamente creció de nuevo.
La gran expansión del gasto público, entre otras medidas, fue una causa determinante de la salida de la Gran Depresión. Un tanto semejante ocurrió después de la II Guerra Mundial en Europa. Este continente se recuperó mediante una enorme expansión del gasto público, estimulada en la Europa Occidental por el Plan Marshall, hecho que, por lo visto, se ha olvidado en Europa.
El New Deal, que era el nombre de las políticas llevadas a cabo por el gobierno Roosevelt, marcó las bases para que se creara lo que se ha llamado la “época dorada” del capitalismo, un capitalismo con una intervención pública activa que redistribuía los recursos producidos por el crecimiento económico, manteniendo un elevado nivel de demanda, basado en unas políticas de pleno empleo, con salarios altos y elevado gasto público. El gasto público federal pasó de ser equivalente al 3% del PIB en 1929 al 16% en 1950. Fue en esta época cuando el porcentaje de la población trabajadora que estaba sindicalizada alcanzó mayores niveles. Haciéndose fuertes frente a quienes siempre han tratado de envilecerlos. Los ricos y súper ricos no aceptaron aquella situación, y a través de su creciente influencia en los Estados de los dos lados del Atlántico, intentaron recuperar su gran poder y lo hicieron a costa de la mayoría de la población, que obtiene sus rentas a costa del trabajo. Así, en EEUU, el impuesto de los ricos y súper ricos bajó del 91% al 70% en los años setenta, y al 35% actual (en realidad, esta es la cifra nominal. La real es incluso más baja, 17%).

D. Óscar dijo...

Parte III. Además Pedro, tan profunda es la crisis, que creo necesaria de forma complementaria recuperar las políticas monetarias expansivas. El ajuste no puede ser exclusivamente por la vía real, hay que aprovechar todos los instrumentos que puedan sernos de utilidad, y entre ellos, por qué no retomar las políticas monetarias más allá de la bajada de los tipos de interés. En relación a esto, introduje una enmienda a la pasada ponencia marco, que no sé si se aprobó finalmente porque estaba muy cansado y me fui a casa. Decía así:
Adición 57 BIS. “Además de políticas fiscales, sobre las que tenemos ciertas competencias, somos conscientes que si no queremos caer en una recesión muy profunda y prolongada, debemos utilizar todas las vías de presión posibles, a nivel nacional y comunitario, para exigir la reactivación de políticas monetarias expansivas a nivel europeo. Para que en el corto plazo vuelva fluir el crédito hacia las empresas y los nuevos proyectos es necesario recuperar la banca pública europea. Monetizar nuestra deuda en lugar de dejarla en manos de la banca comercial. Exigir un banco central encaminado a la creación de empleo, no exclusivamente al control de la inflación, que rebaje los tipos hasta aproximarlos al cero y que cree dinero. En la situación actual, un repunte inflacionista es poco probable –salvo que siga subiendo el petróleo–, pero sería un precio que merece la pena pagar para combatir el desempleo.”
Entiendo que es algo muy discutible, que choca de frente con la mentalidad alemana, pero creo que es la mejor de las soluciones conocidas en la actualidad.
Me gustaría que, si estas de acuerdo, aprovecharas tu nuevo cargo en Madrid para que al menos se escuche hablar de la existencia de este tipo de políticas, porque creo sinceramente que son las políticas del pasado y las del futuro. Junto con una mejor gestión (más eficiencia) de los recursos públicos y una apuesta decidida por la innovación, el tejido industrial (generador de valor añadido y empleo de calidad), y la internacionalización de nuestras empresas.
Independientemente de todo este rollo que te soltado, siento muchísimo que no se aprobara el sábado el Informe de Gestión, yo y mi agrupación de Cartagena votamos a favor mayoritariamente, pero no fue suficiente. No creo que sea justo ese castigo, pero sabes que tienes muchos compañeros que te queremos y te apoyamos.
Un cordial saludo,
Óscar.

D. Óscar dijo...

Parte I. Estimado compañero, es evidente que una política fiscal progresista dada la coyuntura actual no es posible, es absolutamente necesaria, si no queremos que esta nueva recesión se convierta en una Gran Depresión. No cabe la menor duda, que tiene que haber equilibrio fiscal a lo largo del ciclo, los servicios públicos no se pueden financiar con deuda sin límite. Pero sabemos que ese equilibrio no tiene porque significar un déficit cero en todos los periodos del ciclo, coincidiremos en que lo lógico es que en periodos de crisis, como el actual, se permita o sea necesario cierto déficit, que se compensaría con superávit en posteriores etapas de auge. Más acorde con el Pacto Fiscal, que como indicas, se acaba de firmar a nivel europeo. Aunque, dicho pacto sea también demasiado restrictivo, coincido en que es más coherente que esta ley de estabilidad. ¿Por qué digo que una política fiscal progresista es necesaria en la actualidad?
Debe revertirse el proceso de concentración de las rentas de capital que las políticas fiscales neoliberales han determinado, y eso se consigue fundamentalmente a base de políticas fiscales progresistas. Cuando Obama propuso incrementar los impuestos de aquellos ciudadanos cuya renta deriva primordialmente de los beneficios del capital –es decir, de los ricos y súper ricos- los republicanos pusieron el grito en el cielo indicando que el Presidente estaba practicando la lucha de clases, penalizando a los sectores de la población que estaban creando riqueza y empleo. La narrativa del conocimiento económico neoliberal (próximo a los intereses de tales grupos sociales) afirma que la gravación de los ricos es contraproducente pues ahuyenta al capital necesario para invertir (según la Agencia Tributaria española, el 72% de las rentas más altas -600.000 euros y más- deriva de la propiedad de capital). Esta postura está ampliamente generalizada en la Unión Europea, de manera que en los últimos años, incluso los partidos socialdemócratas gobernantes han reducido significativamente los impuestos de los ricos y súper ricos a fin de conseguir mayor inversión y mayor producción de empleo. Pero, este dogma es erróneo, está sostenido por un elemento irracional -la fe neoliberal- y no por la evidencia.
Como indica Vicenc Navarro, en de los años veinte del siglo pasado se alcanzó en EEUU una enorme concentración de las rentas con un aumento exponencial de las rentas del capital a costa de una dramática reducción de las rentas del trabajo, estalló en aquel país la Gran Depresión, causada precisamente por tal polarización de las rentas. El 70% del crecimiento de PIB, entre 1923y 1929, fue al 1% de la población más rica de EEUU, y sólo el 19% fue al 90% de la población. Era la “época dorada” de los súper ricos. Esta enorme mala distribución de la creación de riqueza significó el descenso muy marcado de las rentas del trabajo (básicamente descenso de los salarios), lo cual significó un enorme descenso de la demanda de bienes y servicios que creó una caída en picado del crecimiento económico y un aumento del desempleo. Por otra parte, la desregulación de la banca había permitido a los ricos y súper ricos invertir en actividades especulativas en lugar de las áreas de la economía productiva (donde se crean los bienes y servicios).
Consecuencia de la aplicación en los últimos años de políticas neoliberales (particularmente en Europa), las desigualdades de renta alcanzaron en 2007 los niveles existentes a principios del siglo XX, resultado de la aplicación de “soluciones” neoliberales de mayor austeridad, que están acentuando todavía más la disminución de la demanda doméstica, encaminándonos ingenuamente a la II Gran Depresión. El fracaso de tales medidas es previsible. En ambos casos, entonces –principios del siglo XX- y ahora –principios del siglo XXI- la enorme concentración de las rentas y mimo a los ricos originó la Gran Recesión y, con ella, una enorme destrucción de puestos de trabajo.